Ciclo de Conferencias de la Asociación Cultural Alcorcon Siglo XXI
Premios de Novela Alcorcón Siglo XXI
II Certamen de Pintura Alcorcón Siglo XXI

NP. Ayuntamiento de Alcorcón - Viernes, 26 Septiembre 2014 

La Asociación Cultural Alcorcón Siglo XXI , en...

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III Certamen de Pintura Alcorcón Siglo XXI

Convocatoria del III Certamen de Pintura "Asociación Cultural de Alcorcón Siglo XXI”
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I Certamen de Pintura Alcorcón Siglo XXI

Convocatoria del I Certamen de Pintura "Asociación Cultural de Alcorcón Siglo XXI”
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Conferencia de Ely del Valle en Siglo XXI

Pablo Villalba

Eran las 19,00 horas del 23 de marzo del 2015 cuando la...

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Conferencia en Siglo XXI de D. David Pérez García

Pablo Villalba

Antes de empezar la conferencia se recordó a los fallecido en el...

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Conferencia: los excesos de comida en las fiestas navideñas

FORO DE DEBATE.
Conferencia: los excesos de comida en las fiestas...

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En 711 la invasión musulmana se propagó por España con la fuerza de un pavoroso incendio. En menos de 5 años, 40000 guerreros sometieron un país con 6 millones de habitantes. La traición de Witiza abrió el paso a una horda que, con la espada en una mano y la antorcha en la otra, fueron tomando Mérida, Toledo, Córdoba, Zaragoza, favorecidos por las constantes discordias entre hispanos y visigodos. También por la traición de los judíos, que entregaron Toledo y Córdoba a los invasores para vengarse de la persecución y trato injusto a que los habían sometido los reyes godos. Un sistema de pactos concebido por los invasores contribuyó a dulcificar las derrotas minando el espíritu de resistencia de los que se enfrentaban a ceder o al terror.

La recuperación de España partió de reductos norteños, refugio de bandas rebeldes mal romanizadas y peor sometidas a los godos, que aceptaron obedecer a un noble godo de oscura historia personal llamado Pelayo. Fue espatario en la corte de Witiza y luego en la de don Rodrigo y llevado a Córdoba como rehén por el gobernador Munumuza instalado en la actual Gijón, el cual pretendía a su hermana. En 717 logró fugarse y retornar a la que era ya su tierra. Acudió a Cangas donde los cristianos celebraban un concilium reprochándoles su sumisión y pidiéndoles venganza. No fueron conscientes ninguno de ellos que constituían el germen y el destino de todo un pueblo. Aquellos hombres se le unieron reconociéndolo como caudillo del levantamiento popular.

En 722 el bereber Alqama mandó un ejército musulmán en expedición de castigo empujando a Pelayo y a sus hombres hasta el monte Auseba, donde a media altura se abre la garganta inexpugnable de Covadonga y donde en una cueva se rendía culto inmemorial a la Virgen María. Y allí se decidió a resistir. Alqama antes de acometer quiso tentar con uno de los pactos que tan frecuentes se hacían con los levantados, enviando al traidor obispo Oppas con ofertas de paz. Pelayo dijo que no y el musulmán penetro en la celada que le habían tendido despreciando informes sobre movimientos de hombres en la estrecha garganta. Una lluvia de flechas, piedras y troncos de árboles se precipito sobre los sarracenos imposibilitados de maniobrar la caballería por la estrechura del terreno. Una violenta tormenta vino a desbaratar la formación y los montañeses cortaron en dos la hueste enemiga. Alqama fue muerto, la retaguardia volvió por el camino de Cangas y fue destruida por los pueblos hacia poco vencidos. La vanguardia, en una huida hacia delante, se precipito en terrorífica marcha por lo más fragoso de los picos de Europa, atravesando el rio Cares y su garganta, Arenas de Cabrales, Bulnes, el rio Deva, para llegar abatidos y hambrientos a la Liébana donde perecieron también.

La pretendida acción punitiva acabó en un tremendo desastre para los agarenos, por más que en sus crónicas trataran de minimizarla y despreciar al caudillo calificándolo como “el asno Pelayo”

El germen de la resistencia estaba puesto, pero sus alcances iban mucho más lejos. Los invasores habían mirado a los Pirineos y a las Galias, paso a toda Europa, realizando una penetración hasta Narbona en 719. Siguieron intentándolo hasta 732 cuando Carlos Martel los derroto en Poitiers. Entonces, sin renunciar a la expansión europea, tuvieron que volver los ojos a los núcleos rebeldes españoles. Allí, el rey don Pelayo entroncado con la más alta nobleza por el matrimonio de su hija Ermesinda con el hijo del duque de Cantabria requería toda su atención. Y empezaron una lucha que los mantendría sujetos durante 8 siglos.