Ciclo de Conferencias de la Asociación Cultural Alcorcon Siglo XXI
Premios de Novela Alcorcón Siglo XXI
II Certamen de Pintura Alcorcón Siglo XXI

NP. Ayuntamiento de Alcorcón - Viernes, 26 Septiembre 2014 

La Asociación Cultural Alcorcón Siglo XXI , en...

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III Certamen de Pintura Alcorcón Siglo XXI

Convocatoria del III Certamen de Pintura "Asociación Cultural de Alcorcón Siglo XXI”
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I Certamen de Pintura Alcorcón Siglo XXI

Convocatoria del I Certamen de Pintura "Asociación Cultural de Alcorcón Siglo XXI”
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Conferencia de Ely del Valle en Siglo XXI

Pablo Villalba

Eran las 19,00 horas del 23 de marzo del 2015 cuando la...

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Conferencia en Siglo XXI de D. David Pérez García

Pablo Villalba

Antes de empezar la conferencia se recordó a los fallecido en el...

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Conferencia: los excesos de comida en las fiestas navideñas

FORO DE DEBATE.
Conferencia: los excesos de comida en las fiestas...

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Lara de Tucci

Tras el desconcierto en el que se ha desarrollado el referéndum ideado por los separatistas, de espíritu enfermo y  retorcido, y la efectividad del Gobierno de Rajoy en defensa de la Constitución y de la Ley. Nos toca ahora esperar, si en Cataluña siguen provocando, el golpe de gracia con la aplicación del artículo 155; como reclama Albert Rivera, para defender la integridad española. Integridad cuyo menoscabo se inició cautelosa y astutamente desde el inicio mismo de las CCAA en nuestro Estado de Derecho por unos políticos que, de una manera u otra, aunque confesando de boca para afuera que acataban la Constitución -y no sólo es el caso de los catalanes-; siempre encontraban el momento oportuno y el lugar adecuado, incluso en el Congreso, para lanzar a los cuatro vientos que España tenía que promover espacios soberanistas para ciudadanos  que se inclinaban -como si el hecho fuera posible dentro de la UE- por una nación de naciones.

 

“Quitarse España de encima” es uno de los slogans que han repetido los líderes separatistas; esos personajes del Estatuto que se las ingenian muy bien para infundirles ideas sin sentido a gentes que, aunque estén bien preparadas en algunas facetas de la vida, son absolutamente irreflexivas. Ya que si no fuera así, habrían rechazado las propuestas de unos personajes, incultos geográfica e históricamente hablando, como pueden ser Puigdemont  y Forcadell. Pues Cataluña es también parte de Hispania, nombre que los romanos le dieron a toda la Península Ibérica.

Pero al hilo de ese proceso separatista de largo alcance, como refiero, hay que matizar que el mismo viene  auspiciado, generalmente hablando, por las Consejerías de Educación de casi todas las CCAA y en  mayor medida, si cabe, por el Ministerio del ramo, con consejeros y ministros  pertenecientes, en todos los casos, a partidos políticos de izquierdas o, en el ámbito autonómico, a políticos separatistas y contrarios a la nación española propiamente dicha. Y es que dichos personajes de tales tendencias, vienen promoviendo desde el inicio de la democracia, que los escolares y estudiantes de casi dos generaciones sean anestesiados por la enseñanza tendenciosa de la Geografía y de la Historia con exposiciones tergiversadas, escritas a capricho de unos autores propuestos por ellos y muy relacionados con sus inclinaciones políticas. Por eso, los alumnos, algunos ya con hijos, vienen siendo formados con vistas a que acepten la dispersión y las divisiones -léase nacionalismos- como conceptos más idóneos en estos tiempos; con indiferencia de la unidad territorial y de la historia común como datos elementales que nos cohesionan en un solo pueblo, aunque con diferencias de lógicas y puntuales razones domésticas.

La Historia de España es una sola. La Historia de España tiene sus muchas nebulosas grises e, incluso, negras. Pero, muy especialmente y en mayor proporción, creo yo, tiene luces; algunas de una claridad y brillantez tales que han asombrado al mundo y que nos han ocasionado a lo largo de los siglos -¿por qué no decirlo?- envidias internacionales y también bastardos desprecios nacionales de mayúscula magnitud. Por lo tanto, sólo les falta a las mayorías de esas casi dos generaciones antes citadas abrir las páginas de nuestras diferentes etapas históricas, reflexionar sobre lo que lean y caerán en la cuenta de que mucho de lo que se les está inculcando desde ciertos textos autonómicos está ideado para la manipulación de las conciencias.

Vuelvo a la irreflexión, tan común en estos tiempos. A la irreflexión que lleva a no considerar, como desean los separatistas, que la Historia de España no puede ser distinta en cada una de esas CCAA donde se manifiestan, al abrigo de sus lenguas y dialectos, en favor de secesiones territoriales que, en todo caso, de producirse más o menos, no descompondrían en absoluto Hispania.

Incidiendo sobre el título de este artículo, me temo que el estatuto catalanista, ese pecado que hoy es la penitencia que sufrimos la mayoría de los españoles, amplíe las inclinaciones divisorias en otros territorios de España y que sus ecos separatistas se amplifiquen -los vascos están al acecho, a verlas venir para actuar en consecuencia- y no paren de surgir conflictos más o menos llamativos de esta naturaleza; promovidos por políticos ambiciosos, llenos de insano orgullo -se acuerda uno ahora de Artur Mas-, que siembran vientos para estar ellos en el vértice de las noticias y de los titulares de los medios de comunicación. Lo cual es terreno abonado para las discordias mientras las gentes de hoy no piensen que la unidad de los diferentes Reinos de España, producida con los Reyes Católicos; el Descubrimiento de América; la Batalla de Lepanto y la Guerra de la Independencia, pongo como ejemplos, no pueden tener tantas lecturas como CCAA tenemos ahora en nuestro país.