Ciclo de Conferencias de la Asociación Cultural Alcorcon Siglo XXI
Premios de Novela Alcorcón Siglo XXI
II Certamen de Pintura Alcorcón Siglo XXI

NP. Ayuntamiento de Alcorcón - Viernes, 26 Septiembre 2014 

La Asociación Cultural Alcorcón Siglo XXI , en...

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III Certamen de Pintura Alcorcón Siglo XXI

Convocatoria del III Certamen de Pintura "Asociación Cultural de Alcorcón Siglo XXI”
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I Certamen de Pintura Alcorcón Siglo XXI

Convocatoria del I Certamen de Pintura "Asociación Cultural de Alcorcón Siglo XXI”
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Conferencia de Ely del Valle en Siglo XXI

Pablo Villalba

Eran las 19,00 horas del 23 de marzo del 2015 cuando la...

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Conferencia en Siglo XXI de D. David Pérez García

Pablo Villalba

Antes de empezar la conferencia se recordó a los fallecido en el...

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Conferencia: los excesos de comida en las fiestas navideñas

FORO DE DEBATE.
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Los separatistas han llegado hasta aquí gracias a unos colaboradores que les han permitido financiarse con dinero público. También por dos graves fallos de la Constitución: una ley electoral trucada que al favorecer a las regiones nacionalistas discrimina a los restantes ciudadanos, y una estructura estatal autonómica que es causa de desunión y origina permanentes despilfarros en beneficio de la casta política.

De manera inexplicable, por lo que tiene de actitud suicida respecto a la unidad nacional, han venido alentando, financiando y justificando el separatismo los gobiernos centrales, los parlamentarios y políticos en general y los medios financiados por particulares ominosos; también los pseudointelectuales, jueces y periodistas venales, además de algunos ciudadanos implicados activamente en el proceso o ciegos ante la evidencia, bien por ignorancia, candidez o sectarismo, pero culpables en cualquier caso de la descomposición de nuestra patria.

 

Sin embargo, todos estos auxiliares de la catástrofe dicen defender la ley, la democracia, la libertad… y lo dicen con las grandes palabras que utiliza siempre la solemnidad impostada. Pero la libertad, como dijo Camus, consiste en primer lugar en no mentir, y mal pueden defenderse libertad y derechos cuando las trampas y los engaños son clamorosos.

¿Acaso vamos a permitir que sus mentiras tengan más crédito que nuestras verdades? Aquellos que no esgrimen otra ideología que la de aferrarse al cargo público, que hacen de su actuación política un ejercicio de poder maquiavélico, carecen de fundamento ético y son, por tanto, condenables. Hay que expulsarlos urgentemente, porque ni el nacionalismo nacido del Estado autonómico es de fiar ni lo son sus cómplices, que no sólo han cerrado los ojos ante el proceso separatista, sino que lo han amparado y financiado.

Los hechos indican a cada instante que estamos ante un pasteleo pactado. Las elecciones convocadas por Rajoy, presionado al tiempo por Sánchez y Rivera, son las mismas que hubiera convocado Puigdemont, en el caso de hacerlo. Esta precipitación electoral no es inocente. No han sido destituidos el delegado del gobierno ni el ministro de cultura por sus desleales opiniones; no se van a depurar los focos de adoctrinamiento y propaganda que significan la enseñanza, Cataluña Radio y TV3; no hay intención de acabar con la inmersión lingüística; no se ha investigado con un mínimo de rigor a los mozos de escuadra sediciosos; no se ha planteado modificar la excluyente ley electoral; y, sobre todo, no se han ilegalizado los partidos que propugnan la ruptura de España, ni se va a impedir que los golpistas puedan ser elegibles. Por el contrario, sí se ha humillado y obstaculizado a la Policía Nacional y a la Guardia Civil de todas las maneras posibles, pese a su ejemplar labor en defensa de España y de los españoles.

El proceso, pues, continúa. Los protagonistas sólo se han detenido a coger un poco de aire, porque con la Constitución actual la independencia es inviable; y porque el discurso del Rey, primero, y la patriótica y espontánea reacción del pueblo, después, los han descolocado.

Las negociaciones entre el gobierno central y el autonómico estuvieron abiertas hasta el último segundo, antes de la proclamación de la fantasmagórica República Catalana. Había que llegar a un acuerdo para evitar, después de tanta comedia, que los conchabados no acabaran con un sambenito. Por lo tanto, de cara a la galería, el gobierno central se vio obligado a aplicar el artículo 155 para salvaguardar su legitimidad; y Puigdemont a proclamar la independencia. Así han conseguido supuestamente justificarse: que unos piensen que la autonomía está intervenida y que otros crean que ya son ciudadanos de una República independiente.

Pero la realidad es que el gobierno central, sin estrategia –o sin ganas de tenerla- se ha colocado en una posición sin salida y se halla deslegitimado. Para legitimarse tendría que variar su derrotero y afrontar con entereza riesgos que nunca ha decidido arrostrar. Los políticos que infringiendo continuamente las leyes han sido cómplices del separatismo, dejándonos al borde del precipicio, no pueden ser la solución. Nadie medianamente sensato puede creer a una casta política que trata de hacer pasar la luna por el sol. Como nos han dejado solos, el pueblo soberano debe buscar una alternativa. La transición se ha ido deteriorando en proporción al fortalecimiento de los independentistas. El sistema actual –la España de las autonomías- sólo podía funcionar con unos políticos leales. No sólo no lo han sido, sino que además han parasitado la patria.

Se necesitan otras políticas, otro modelo de Estado. La transición ha llegado a su fin. Y ahora somos nosotros, los españoles del común, quienes tenemos que salvar el barco. La única esperanza reside en que la sociedad civil se mantenga vigilante, haciendo ver a los corruptos que mantenemos vivo el espíritu de las banderas que espontáneamente ha alzado el pueblo, dando ejemplo de lealtad una vez más a sus representantes. ¡Más banderas! ¡Y de modo permanente! ¡Que sepan que no nos engañan, que España no se rompe y que no consentiremos su traición!