Ciclo de Conferencias de la Asociación Cultural Alcorcon Siglo XXI
Premios de Novela Alcorcón Siglo XXI
II Certamen de Pintura Alcorcón Siglo XXI

NP. Ayuntamiento de Alcorcón - Viernes, 26 Septiembre 2014 

La Asociación Cultural Alcorcón Siglo XXI , en...

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III Certamen de Pintura Alcorcón Siglo XXI

Convocatoria del III Certamen de Pintura "Asociación Cultural de Alcorcón Siglo XXI”
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I Certamen de Pintura Alcorcón Siglo XXI

Convocatoria del I Certamen de Pintura "Asociación Cultural de Alcorcón Siglo XXI”
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Conferencia de Ely del Valle en Siglo XXI

Pablo Villalba

Eran las 19,00 horas del 23 de marzo del 2015 cuando la...

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Conferencia en Siglo XXI de D. David Pérez García

Pablo Villalba

Antes de empezar la conferencia se recordó a los fallecido en el...

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Conferencia: los excesos de comida en las fiestas navideñas

FORO DE DEBATE.
Conferencia: los excesos de comida en las fiestas...

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De acuerdo con la tradición de su oficio, los políticos, con su doble rostro implorante y prepotente, aprenden a rivalizar en demagogias para ganar a sus adversarios en los foros y las audiencias. No les interesa la filosofía, ni el humanismo, ni conocer la historia, la cultura o la geografía de su patria, tan sólo se preocupan de tener a su alcance todas las máscaras propicias al engaño.

No tratan de ser sabios para ayudar a sus gobernados, sino frívolos actores para seducirlos. Pero la terrible culpa de ellos es menor que la del pueblo al que desprecian, si este acepta encantado o en silencio esa frivolidad sin cuestionarse nada. La sociedad española actual está más hecha a soportar que a rebelarse. El gran pueblo español consume así, en el hedonismo y la ignorancia, sus mejores fuerzas, acomodándose a la decadencia, que es la consecuencia fatal de una larga corrupción.

Moribunda, incapaz de frenar su fallecimiento, la supuesta democracia española no deja de erosionarse por el desprecio de aquellos que, en vez de burlarse de las leyes, debieron haberla preservado y enaltecido. Entre tantas turbias evidencias se halla el esperpento catalán que, como era de esperar, no cesa. Las elecciones nos han dejado una Cataluña similar a la existente el día anterior. Una realidad dividida, ingobernable, ruinosa… que confirma la fractura social en dos mitades irreconciliables a corto plazo, demostrando que la droga del independentismo ha dejado muy tocada a la región.

Ni a Rajoy ni a los restantes políticos del arco parlamentario les convino desintoxicar la atmósfera clientelar, depurando la sociedad catalana. De ahí que se mantenga íntegra la estructura del golpe. Como en lugar de restablecer la situación y llevarla a una realidad saludable, han dispuesto conservar las mentiras del separatismo y del izquierdismo reaccionario y totalitario, arrastrándonos a todos al hoyo, la vuelta a la normalidad exige la eliminación de la actual casta política antidemocrática.

Y por si todo lo anterior no fuera suficiente, ahora el PSOE, “un partido de ladrones y asesinos”, según “hechos plenamente documentados, que he investigado y analizado en mis libros sobre la guerra civil, sin poder ser desmentido” (Pío Moa), presenta un segundo proyecto de ley que abunda y profundiza en las aberraciones zapateriles de la Ley de Memoria Histórica. Una ley que, al igual que la LGTBI, vulnera todo tipo de libertades. Ambas significan el horror sobre el horror, pues en ellas los resentidos, perversos y envidiosos sacan lo peor del ser humano.

El afán liberticida de las izquierdas españolas y de sus lóbis cómplices no tiene fondo. Persisten en ahondar la división entre españoles, el enfrentamiento, porque lo mejor que saben hacer es alimentar su mundo de tinieblas con odio incomprensible. Su vocación de poder constituye el Mal Absoluto. Son gentecilla sin dignidad: odian a España pero viven a costa de ella.

El entorno de estas izquierdas es un campo lleno de insolencia e insidia, despotismo y engaño, falsa moral y podredumbre, y su atroz propaganda siempre se ha consagrado al servicio de lo turbio, de lo inconfesable. El concepto que sobre la democracia tienen las izquierdas españolas se resume en que todo el mundo tiene que votarles a ellas o atenerse a las consecuencias. Y en esa cueva terrible muchos españoles se sienten confortablemente instalados. Hasta el votante más torpe y analfabeto lo sabe. Otra cosa es que lo quiera ver.

El caso es que si en los partidos parlamentarios españoles (no sólo en las izquierdas resentidas) el mal ha puesto millones de nidos, es decir, si es esta una democracia podrida y agotada, todos debemos mostrarnos de acuerdo en que es justo derribarla y reconstruirla, para impedir que la burla a las leyes y la eternización de los corruptos en el poder se transmita como un privilegio y un derecho de casta. Supondría un suicidio o, peor aún, una rendición, permanecer de brazos cruzados ante los atropellos a nuestra dignidad de españoles, porque sabido es el poder de los hechos consumados.

Por fortuna, una parte de la población ha despertado. Gracias a ese desperece y al ejemplar discurso del Rey en su día, los impostores han perdido pie. El pueblo concienciado y unido es un obstáculo para sus intereses de dominación. No conciben que ese pueblo despreciado se rebele contra sus imposiciones de décadas. Ahora, esa ejemplar reacción popular se va a ver atacada de mil maneras, más o menos sutiles. Por ejemplo, el nuevo proyecto de ley de Pedro Sánchez que mencionábamos.

Y como van a intentar desactivarnos el espíritu de octubre o de las banderas, como hicieron con el espíritu de Ermua, estamos obligados a permanecer atentos, para no consentirlo. Ver banderas de España ondeando en nuestros balcones es una imagen emocionante. Incrementemos su número cada día hasta que los rupturistas y sus cómplices hayan desaparecido y la sociedad -catalana en particular y española en general- se vea libre del odio que sembraron.