Ciclo de Conferencias de la Asociación Cultural Alcorcon Siglo XXI
Premios de Novela Alcorcón Siglo XXI
II Certamen de Pintura Alcorcón Siglo XXI

NP. Ayuntamiento de Alcorcón - Viernes, 26 Septiembre 2014 

La Asociación Cultural Alcorcón Siglo XXI , en...

Leer más...
III Certamen de Pintura Alcorcón Siglo XXI

Convocatoria del III Certamen de Pintura "Asociación Cultural de Alcorcón Siglo XXI”
Leer más...

I Certamen de Pintura Alcorcón Siglo XXI

Convocatoria del I Certamen de Pintura "Asociación Cultural de Alcorcón Siglo XXI”
Leer más...

Conferencia de Ely del Valle en Siglo XXI

Pablo Villalba

Eran las 19,00 horas del 23 de marzo del 2015 cuando la...

Leer más...
Conferencia en Siglo XXI de D. David Pérez García

Pablo Villalba

Antes de empezar la conferencia se recordó a los fallecido en el...

Leer más...
Conferencia: los excesos de comida en las fiestas navideñas

FORO DE DEBATE.
Conferencia: los excesos de comida en las fiestas...

Leer más...

Desde que Fernando de Magallanes tomó posesión de las islas en nombre de la corona, y sobre todo a partir del primer asentamiento de 1565 en Cebú, los españoles tuvieron que enfrentarse contra piratas chinos, japoneses y filipinos que, al igual que los berberiscos en el Mediterráneo, asolaban esas aguas al acecho de las embarcaciones mercantes que las surcaban de continuo.

 

Uno de los más destacados entre aquella chusma, Lim Ah Hong, a fuerza de saqueos, pillajes y matanzas fue adquiriendo fama hasta reunir una flota de barcos y varios miles de piratas. Así fortalecido decidió dar un golpe contra Manila que expulsase a los españoles de Filipinas y en 1574 dirigió una expedición que a favor de la noche pudo acercarse a la ensenada de la capital. En un primer tanteo unos centenares de hombres arrasaron las primeras casas matando al Maestre de Campo Martin de Goiti. Alertada la población consiguieron rechazarlos y aprestaron un improvisado fortín con barriles y cajas llenas de arena y con solo dos piezas de artillería. La situación parecía desesperada pero de Cebú y Vigan llegaba el refuerzo del capitán Juan de Sandoval y su compañía. Sandoval era un novohispano, nacido en Méjico y había llegado a Filipinas con Legazpi y Goiti, pariente suyo. Pese a su juventud había demostrado grandes dotes militares en que seguida se pusieron a prueba.

Aprovechando el ataque de los chinos estaba levantado un cacique indígena con cientos de guerreros y amenazaba la retaguardia de la ciudad. Un fraile de los que intentaban evangelizar las tribus procuró pacificarlo, pero el cacique exigía que la tregua la concertase Salcedo, solo y desarmado. El joven capitán, contra la opinión de los suyos, se aventuró ante una fila de guerreros hostiles y arrebatando el arco y la lanza al primero las rompe con arrogancia y dominio tales, que el jefe, subyugado por tamaña temeridad cede y se retira a la selva.

Quedaban los piratas, para lo cual había que contar con la tropa de Juan de Salcedo. No eran muchos, solo una compañía de 50 soldados viejos, de esos con morrión bruñido, barba cerrada y arcabuz al hombro, de los que formaron los Tercios que provocaban el respeto en toda Europa, los que levantaron banderas en Breda y se negaron a abatirlas en Rocroi, los mismos de los que dijo Calderón de la Barca:

Nunca la sombra vil vieron del miedo/ y aunque soberbios son, son reportados./Todo lo sufren en cualquier asalto;/ solo no sufren que les hablen alto.

Esos mismos hombres acostumbrados a todas las penurias, que cobraban pagas con años de retraso, que dormían en el suelo, comiendo cuando había suerte, venían dispuestos a defender la plaza hasta el final, porque no era posible desamparar la ciudad sin descrédito de su honra y la de su bandera.

Un temporal había retrasado el desembarco pero la buena suerte no iba a durar para siempre. Las piratas, cerca de 1000, se echaron encima de aquellas improvisadas defensas y los españoles se defendieron con hacen siempre en inferioridad de condiciones, con pólvora y con acero, oponiendo su valor a la ferocidad de los atacantes, sin cejar un segundo hasta que las pérdidas que sufrían convencieron a los chinos que ganar aquel combate iba a costarles más de lo que estaban dispuestos a perder, y se vieron forzados a retirar. Muchos serían los muertos, y heridos todos los que quedaron en pie, pero Manila se había salvado.

Años después Salcedo exploró el norte de Filipinas  y la isla de Luzón. Murió en Vigan Illocas del sur en 1576, de un ataque de fiebres.