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NP. Ayuntamiento de Alcorcón - Viernes, 26 Septiembre 2014 

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III Certamen de Pintura Alcorcón Siglo XXI

Convocatoria del III Certamen de Pintura "Asociación Cultural de Alcorcón Siglo XXI”
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I Certamen de Pintura Alcorcón Siglo XXI

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Antonio del Arco Martínez

Este artículo trata sobre uno de los primeros testimonios que se conservan por escrito acerca de una lengua romance, derivada del latín, y a la que algunos estudiosos identifican ya como la lengua castellana.

¿Qué son estas glosas y cuándo se compusieron?

Las Glosas Emilianenses son pequeñas anotaciones manuscritas entre las líneas del texto principal y en los márgenes de algunos pasajes del códice , escrito en latín, Aemilianensis 60 realizadas en varias lenguas: entre ellas el propio latín, un romance hispánico, (quizás español medieval con rasgos riojanos,) y euskera. Su fecha de escritura se sitúa a finales del siglo X o a principios del siglo XI. La intención del monje copista era probablemente la de aclarar el significado de algunos pasajes del texto latino.

¿Por qué se llaman así? El nombre se debe a que fueron compuestas en el Monasterio de San Millán de la Cogolla (Millán o Emiliano procede del latín Aemilianus), perteneciente a La Rioja y por aquel entonces parte del Reino de Navarra.

¿Cuándo se descubrieron y empezaron a investigarse? Su valor se descubrió en 1911, cuando Manuel Gómez-Moreno, que estudiaba la arquitectura mozárabe del Monasterio de Suso, transcribió todas las glosas, alrededor de mil, y las envió a Ramón Menéndez Pidal. La importancia filológica, de estas glosas que no fue advertidas hasta el siglo XX , es la de contener el testimonio escrito más temprano del que se tenía noticia hasta entonces, en forma arcaica, pero claramente reconocible, de un romance hablado en el área actual del idioma español; al parecer, era la lengua vernácula hablada por entonces en la zona. De las Glosas Emilianenses, que suman más de mil en total, unas cien están en esa lengua romance riojana y poseen el interés añadido de incluir dos anotaciones en vasco, siendo éste el primer testimonio escrito conocido, escrito ya en pergamino, en dicha lengua.

El copista fue aclarando las palabras latinas que le parecían menos conocidas,: repente lo pasó a luenco («luego»); suscitabi lo aclaró con lebantai («levanté») bellum con el actual cultismo pugna, effusiones con «bertiziones», etc. San Millán de la Cogolla (y La Rioja por extensión) reciben a menudo el sobrenombre de «cuna del castellano» gracias a ellas; no obstante, varios autores sostienen que las glosas no están escritas exactamente en un castellano antiguo, sino en navarro-aragonés en su variedad riojana.

Las Glosas de San Millán son, pues, un madrugador testigo de la evolución del romance peninsular, pero lo son también de esa fusión de personalidades múltiples (el riojano, el navarro-aragonés, el castellano y el vasco) que convivían, lingüística y socialmente en aquella época.

Las Glosas Silenses son comentarios en lengua romance peninsular, realizados por copistas medievales en los márgenes de un códice en latín que se hallaba en el monasterio de Santo Domingo de Silos. Datan de finales del siglo XI y, al igual que las Glosas Emilianenses, su finalidad es aclarar los pasajes oscuros del texto latino. Se encontraron en el archivo del monasterio de Santo Domingo de Silos, de donde procede su nombre, en la Provincia de Burgos, Sin embargo, estas glosas pueden ser sólo copias cuya versión original fuera muy anterior, probablemente poco posterior al manuscrito latino que contiene las glosas de San Millán, que puede ser también el lugar original de su procedencia. En la actualidad se conservan en la Biblioteca Británica.

Se han encontrado un total de 369 glosas), de las cuales a continuación se muestran estos ejemplos (los términos latinos están escritos con mayúsculas y los romances con letra itálica, seguidos del número de la glosa entre paréntesis):

DEUORANDUM [por manducaret] (4); IGNI COMBURATUR: kematu siegat (9); LIMPHA: aqua (12); IGNORANS: qui non sapiendo (17); INFIRMIS IMBALIDIS: debiles, aflitos (26); QUI PREBENT: ministrent, sierben (49); INERFICERE: matare (58); CETERIS: conos altros (65); ESSE: sedere (72);