Ciclo de Conferencias de la Asociación Cultural Alcorcon Siglo XXI
Premios de Novela Alcorcón Siglo XXI
II Certamen de Pintura Alcorcón Siglo XXI

NP. Ayuntamiento de Alcorcón - Viernes, 26 Septiembre 2014 

La Asociación Cultural Alcorcón Siglo XXI , en...

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III Certamen de Pintura Alcorcón Siglo XXI

Convocatoria del III Certamen de Pintura "Asociación Cultural de Alcorcón Siglo XXI”
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I Certamen de Pintura Alcorcón Siglo XXI

Convocatoria del I Certamen de Pintura "Asociación Cultural de Alcorcón Siglo XXI”
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Conferencia de Ely del Valle en Siglo XXI

Pablo Villalba

Eran las 19,00 horas del 23 de marzo del 2015 cuando la...

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Conferencia en Siglo XXI de D. David Pérez García

Pablo Villalba

Antes de empezar la conferencia se recordó a los fallecido en el...

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Conferencia: los excesos de comida en las fiestas navideñas

FORO DE DEBATE.
Conferencia: los excesos de comida en las fiestas...

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Como estamos en enero, podemos volver a aquel día 2 de dicho mes, pero el de 1492, en el que los Reyes Católicos, tras la toma de Granada, pusieron fin a la dominación árabe en nuestra Península. Pues la fecha quedó esencialmente grabada en nuestra Historia, ya que fue la que clausuró ochocientos años de generosidad y de valentía ejemplares por parte de los españoles; aunque también hubo cobardías e, incluso, abandonos y traiciones a lo largo de la Reconquista. Pues tras la triste batalla del Guadalete, el 19 de julio del año 711, en la que Don Rodrigo fue derrotado junto al lago de la Janda, y la rápida expansión por las tierras hispanas de los hijos del desierto, un grupo de esforzados cristianos se refugió en las montañas de Asturias y, al mando de Don Pelayo, sus componentes iniciaron una contraofensiva que no cejaría hasta la recuperación, muchas generaciones después, del suelo ibérico en su totalidad. La Reconquista fue una empresa que deja atónitos a cuantos la estudian animados por la curiosidad que ofrece la Historia. Y eso que nunca se podrán valorar con exactitud la cantidad y la magnitud de los sucesos que la configuraron y que tan felizmente la culminaron.

Tengase en cuenta, además, que, durante ese extenso período de tiempo, España nunca dejó de trabajar por la Cultura y el desarrollo de otras actividades. No sólo fueron el derroche de energías y el derramamiento de sangre que las batallas contra los invasores exigían, sino que, en períodos de paz, había que sacar fuerzas de flaqueza para fundar Universidades, construir hermosas catedrales, escribir manuscritos para la difusión del Saber, abrir caminos de acceso a pueblos y ciudades, impulsar el comercio y roturar tierras para la agricultura. Todo, sin descuidar la administración pública. Después de derramar la sangre, había que verter el sudor para que éste restañara las heridas de la guerra. Eran unos ciclos que se sucedían ininterrumpidamente, reclamándoles a los hombres todo el sacrificio que iban requiriendo de ellos las actividades de la guerra y los trabajos de la paz: la coraza, la loriga, la espada y la ballesta eran compañeras inseparables del cetro, de la mitra, de la pluma, del cincel y del arado.

La Reconquista fue un empeño que bullía en la mente de todos los hispanos que vivieron aquellas centurias. Tanto es así, que no dudo en decir que supuso para España un difícil y complicado embarazo que terminó con el alumbramiento del Nuevo Mundo. Y comento, con mayor audacia, que las hazañas del Descubrimiento, así como la posterior colonización y civilización de América, sólo pudieron ser realizadas por el pueblo español, a quien Dios había venido forjando con un severo e inflexible ejercicio de ánimo durante ocho siglos de batallar incesante.

Hoy, cuando a todo se le busca una respuesta humana -aunque a veces es imposible encontrarla por este método-, resulta difícil imaginar a Dios interviniendo en asuntos de tal naturaleza. Pero, por mucho que se persiga una explicación convincente al Descubrimiento de América, desestimando los planes divinos, no acierta uno a dar con la fórmula que provocara la histórica proeza. Sólo el ánimo de los españoles, templado en el yunque de un sacrificio ocho veces centenario, como fue la Reconquista, estaba preparado para una obra así. De otra manera, ¿cómo únicamente un puñado de hombres -en el sentido más literal de la palabra- hubiese sido capaz de dominar primero y transmitir su sangre y su cultura después a los indígenas de unos territorios cuya superficie sobrepasa en más de veinticinco veces la de la tierra que los vio nacer?