Ciclo de Conferencias de la Asociación Cultural Alcorcon Siglo XXI
Premios de Novela Alcorcón Siglo XXI
II Certamen de Pintura Alcorcón Siglo XXI

NP. Ayuntamiento de Alcorcón - Viernes, 26 Septiembre 2014 

La Asociación Cultural Alcorcón Siglo XXI , en...

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III Certamen de Pintura Alcorcón Siglo XXI

Convocatoria del III Certamen de Pintura "Asociación Cultural de Alcorcón Siglo XXI”
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I Certamen de Pintura Alcorcón Siglo XXI

Convocatoria del I Certamen de Pintura "Asociación Cultural de Alcorcón Siglo XXI”
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Conferencia de Ely del Valle en Siglo XXI

Pablo Villalba

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Conferencia en Siglo XXI de D. David Pérez García

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Conferencia: los excesos de comida en las fiestas navideñas

FORO DE DEBATE.
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                                                             Soneto XIII

A Dafne ya los brazos le crecían

y en luengos ramos vueltos se mostraban;

en verdes hojas vi que se tornaban

los cabellos qu'el oro escurecían;

de áspera corteza se cubrían

los tiernos miembros que aun bullendo estaban;

los blancos pies en tierra se hincaban

y en torcidas raíces se volvían.

Aquel que fue la causa de tal daño,

a fuerza de llorar, crecer hacía

este árbol, que con lágrimas regaba.

¡Oh miserable estado, oh mal tamaño,

que con llorarla crezca cada día

la causa y la razón por que lloraba!

 

El mito de Apolo y Dafne

Apolo, dios de las artes y la música, fue maldecido por el joven Eros después de que se burlase de este por jugar con un arco y flechas. El irascible Eros tomó dos flechas, una de oro y otra de plomo. La de oro incitaba el amor, la de plomo incitaba el odio. Con la flecha de plomo disparó a la ninfa Dafne y con la de oro disparó a Apolo en el corazón. Apolo se inflamó de pasión por Dafne y en cambio ella lo aborreció. En vista de que Apolo la atraparía, Dafne invocó a su padre (el dios Perseo). De repente, su piel se convirtió en corteza de árbol (un laurel), su cabello en hojas y sus brazos en ramas. Dejó de correr ya que sus pies se enraizaron en la tierra. Apolo abrazó las ramas, pero incluso éstas se redujeron y contrajeron. Como ya no la podía tomar como esposa, le prometió que la amaría eternamente como su árbol y que sus ramas coronarían las cabezas de los héroes. Con las lágrimas de Apolo, Dafne crece y siempre permanecerá verde.

Este soneto hace referencia a uno de los tópicos del petrarquismo: el amor no correspondido y el ideal no alcanzado, usando la mitología, en este caso la historia de Dafne y Apolo. En el soneto, Garcilaso explica la transformación de Dafne en laurel, las consecuencias de este cambio y cómo Apolo llora por esta causa.

Este es uno de los cuarenta sonetos escritos por Garcilaso de la Vega, prototipo de hombre renacentista al unir en persona las facultades de hombre de letras y de armas. Es el escritor más representativo del primer Renacimiento español.

Se casó con Elena Zúñiga, pero encontró en Isabel Freire la musa que precisaba en su tiempo todo poeta. Su estancia en Nápoles ayudó al perfeccionamiento de su obra, que transformó completamente la poesía española. Es uno de los escritores más destacados e influyentes de la literatura española. Fue el adaptador del petrarquismo y de la poesía italianizante en la nuestra literatura. Además de los sonetos, Garcilaso escribió tres églogas y varias canciones y una epístola.

La utilización de los mitos es uno de los motivos recurrentes en la poesía castellana renacentista, así como la aparición en la métrica castellana de una forma estrófica italiana, el soneto, que Garcilaso trajo a España.

La escena está llena de dinamismo, de movimiento; el lector va contemplando en el momento presente esa transformación que Dafne está sufriendo, el poeta utiliza para ello verbos en pretérito imperfecto. Este tiempo verbal tiene la particularidad de continuarse hasta el presente. De esta manera, la acción de transformación de Dafne y el dolor de Apolo se continúan en el tiempo hasta nuestros días. Nada lo detiene, nada lo alivia.

La ordenación de los cuatro elementos humanos seleccionados (brazos, cabellos, piel, pies) sugiere la idea de progresión: desde la parte superior hacia abajo (en un orden lógico y armonioso propio del Renacimiento), para terminar con los pies metamorfoseados en raíces, fijados ya al suelo, punto final de la metamorfosis.

Pero más cruel resulta el castigo, cuando vemos que son las lágrimas del amado las que provocan el crecimiento de esa transformación y por lo tanto el mayor alejamiento. Así cuanto más dolor, más crecimiento. Este es un amor imposible que hace inevitable la pena de Apolo, y por lo tanto el crecimiento de Dafne, que se alimenta del dolor de su amado.